INFORME SOBRE LA BENEFICENCIA, por el Conde Henri de Virieu


MEMORÁNDUM SOBRE LA IDEA QUE LA ORDEN DEBE RELACIONAR CON EL TÉRMINO DE BENEFICENCIA.

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Se trata de fijar invariablemente el verdadero sentido que la Orden debe dar al término de beneficencia, que es el grito universal y el punto de reunión de todos los Francmasones. Todos se sirven igualmente, todos hacen de ella la base de sus sistemas, todos quieren que ella dirija las formas y los actos de nuestra institución. Pero falta ponerse de acuerdo sobre el verdadero significado de esta expresión, ya que, aunque todos tengan en apariencia el mismo objeto, todos varían en sus aplicaciones, y casi todos, se limitan a puntos de vista particulares de una cosa que no debería ser considerada más que en su conjunto más amplio, se encierran en esferas demasiado encogidas, de donde resulta multitud de sistemas y formas de ver diferentes sobre la manera en que la Orden debe dirigir sus trabajos. Todos estos sistemas, ocupados solamente en propagar las ramas particulares de la beneficencia que ellos toman por el verdadero tronco, son susceptibles de ser conciliados fácilmente cuando se deje de particularizar lo que debe ser integral, cuando no se limite más el sentido de una palabra destinada a expresar una virtud cuya esencia es no ser limitada, como el amor del Ser eterno hacia todas las criaturas, que es su principio .

No es en las discusiones académicas ni gramaticales que debemos buscar la solución que nos ocupa. Es en el fondo del corazón donde debe existir la imagen que se trata de expresar. Sólo él debe juzgar si el lienzo pintado es conforme al modelo; y si, después de haber entendido este planteamiento, el corazón, satisfecho de las ideas que encierra, se siente arrebatado, y le dá su aprobación, no hace falta ir más lejos, la cuestión esta decidida, y si una Orden tan totalmente dedicada a hacer el bien no puede dudar en adoptar un sentido que le abra la carrera más vasta para cumplir de la manera más extensa que se pueda concebir su objetivo sagrado. Por otra parte, suponiendo que el sentido de la Orden adoptará difiere sensiblemente del sentido vulgar, ¿se puede rechazar el derecho a determinar por sí misma la extensión de las ideas que quiere relacionar con el nombre de algo que constituye la base y el móvil de todos sus trabajos ?.

La virtud a la que nombramos como beneficencia es esta disposición del alma que hace actuar sin descanso el bien en favor de los otros, sin importar la forma o manera en la que el bien pueda actuar. Esta virtud abarca pues necesariamente un campo inmenso, ya que, siendo su esencia operar el bien en general, todo lo que el espíritu pueda concebir de bueno en el universo es de su incumbencia y debe ser sometido a su acción. Es de esta manera que el hombre debe contemplar y practicar la virtud gracias a la cual se asemeja más a su principio infinito del que él es la imagen, a este principio de bondad que, queriendo constantemente la felicidad para todas sus producciones sin excepción, actúa sin cesar para procurarla, eterna e infinitamente bienhechora.

Tal es pues la idea que uno debe formarse de la beneficencia, que sin excepción debe hacerse extensiva a todo lo que pueda ser verdaderamente bueno y útil a los demás, sin descuidar ninguno de los medios posibles para operarla. Aquel que se limita a ofrecer socorros pecuniarios a la indigencia hace realmente un acto debeneficencia, pero no puede legítimamente obtener el título de bienhechor; tampoco aquel que cree haberlo satisfecho todo protegiendo la inocencia, o aquel que se circunscribe en aliviar a sus Hermanos sufrientes. o incluso aquel otro que en un orden superior de cosas hiciera consistir toda su beneficencia en iluminar e instruir a sus semejantes.

Ya que todos estos bienes tomados separadamente no son más que ramas diversas de un mismo árbol, que no se pueden aislar sin privarlas de la vida. Sólo merece verdaderamente el título de bienhechor, aquél que, absolutamente convencido de lo sublime de su esencia, considerando la grandeza de su naturaleza formada a imagen y semejanza del principio eterno de toda perfección, con la vista puesta sobre esta fuente infinita de toda luz, de todo bien, para imitarla y cumplir así los deberes sagrados que le son impuestos por su naturaleza, siente que, al igual que la bondad eterna abraza todos los seres, todos los tiempos, todos los lugares, así mismo labeneficencia, que no es más que la manifestación de la bondad, debe no tener límites; que creado a imagen y semejanza divinas, viola su propia ley cuando olvida el deber de imitar su modelo sin descanso, y que solamente manifiesta su existencia a todos los seres por sus buenas acciones ; que nacido para ser el órgano de esta infinita bondad, no debe jamás cerrar una mano destinada a repartir, a propagar los efectos, que según las circunstancias y sus medios dá, aconseja, protege, alivia, instruye; que piensa y actúa sin relajo para el bien de sus semejantes, no dejando de actuar si no es para comenzar de nuevo con fuerzas renovadas, haciendo que esta tarea sea la de toda su existencia, y que en fin, si los límites de sus facultades no le permiten recorrer a la vez toda esta inmensa carrera, abraza al menos en su corazón, su voluntad, sus deseos, todos los medios imaginables para operar el bien hacia todos los seres susceptibles de experimentar los efectos.

Es pues un profundo abuso el conceder el título general de beneficencia a los actos particulares de esta virtud cuya esencia es la de abarcar sin excepción todos aquellos actos que puedan tender a hacer el bien de la humanidad.

Nuestra Orden respetable, teniendo por objeto la manifestación de esta virtud, no debe limitar las aplicaciones a su sentido : nada de lo que pueda ser útil a la humanidad, sin exceptuar a sus propios miembros , que son los primeros llamados a recoger los preciosos frutos de la institución que los une, no debe serles ajeno, y su divisa deberá ser : Boni nihil a me alienum puto .

Dejando pues de trocear la beneficencia, como se ha hecho desde siempre, de dividirla en infinidad de ramas aisladas, y por consecuencia debilitarla y degradarla, reunamos al contrario todas aquellas que podamos concebir para formar labeneficencia general de la Orden. Extendida o destinada a extenderse sobre toda la superficie de la tierra, poseyendo en su seno a miembros de todos los rangos, de todos los estados, de todos los paises, reuniendo así o siendo susceptible de reunir en su más alto grado todo género de conocimiento, de talentos y medios, guardémonos de atenuar los resultados que caben esperar de una tan grande combinación de fuerzas; que la beneficencia universal de la Orden, uniforme en su principio, es decir activa, esclarecida, fundamentada sobre el amor más ardiente hacia la humanidad y el respeto más profundo por las leyes del Gran Arquitecto del Universo, sea en sus aplicaciones tan variada como las necesidades de la humanidad. Que todas las partes de la Orden y todos sus miembros se consagren simplemente a dar constantemente ejemplo práctico de la virtud, de dedicación y respeto por la divinidad y sus leyes, de patriotismo, de sumisión al Soberano y a las leyes, en una palabra : de todas las virtudes religiosas, morales y civiles, porque esta manera de ser útil a la humanidad, a la vez de ser la más eficaz, es universal y no admite ninguna excepción ni por el tiempo, lugar o circunstancias . En cuanto a los bienes particulares que nuestra institución puede verter sobre la familia humana, que dependen de los medios, las facultades, las circunstancias, de las localidades de cada establecimiento y de cada individuo. Que en un lugar nuestros establecimientos pongan los medios para aliviar a los pobres y las enfermedades, que en otro abran asilos a la indigencia y a la vejez, que aquí se levanten orfelinatos, que allá se establezcan escuelas donde cada uno pueda aprender lo que debe a Dios, a su Soberano, a su patria, a sus hermanos, a sí mismo; donde se pueda cultivar y favorecer todo género de conocimientos útiles para la felicidad de la humanidad y capaces de acercar a los hombres al bien y la virtud; que cada establecimiento, cada individuo esté seguro de haber cumplido con las miras de la Orden cuando, según su situación y sus medios, haya cumplido en su ámbito de acción el género de bien que haya podido ser de mayor utilidad. En una palabra, lo repito, que ningún género debeneficencia nos sea extraño, que esta sea la ligazón común que reúna a todas las partes de la Orden, que cuales sean los sistemas que puedan adoptarse en otra parte, tengan todos ellos estos principios por base inmutable, y por objeto primero y fundamental el hacer a la humanidad el mayor bien posible, en el sentido más amplio que el espíritu pueda concebir.

Este plan, aún y dada su vastedad, no tiene nada que pueda o deba asustar. No exige otra cosa que esta pureza de intenciones y ese amor por el bien que en todos los regímenes se le supone y que debe caracterizarnos a todos. Desgraciado de aquel cuyo corazón seco y corrompido no guste de estos principios tan satisfactorios, no es en modo alguno digno de estar con nosotros, debemos rechazarlo si se nos presenta, o alejarlo de nuestros templos si es que habita en ellos.

Por otra parte este plan, no teniendo de uniforme más que los principios de virtud sobre los que se sustenta, se acomoda naturalmente en sus detalles a todos los sistemas honestos, a todos los talentos, a todos los medios, a todas las localidades, a todas las circunstancias. ¿ Podemos encontrar una sola virtud aislada que pueda encontrar tantas ocasiones de manifestarse, que sea susceptible de una tan gran diversidad de aplicaciones ?. Puesto que no hay un solo instante de la vida en que ella no pueda ejercerse y que, por activa que ella pueda ser, el número infinito de necesidades de la humanidad, renacientes sin cesar, será siempre infinitamente más grande que aquel de los socorros que podamos ofrecerle. Una correspondencia exacta y fraternal en la que el Jefe general de la Orden sea el centro y los archivos provinciales y priorales el depósito, debe ser suficiente para conservar el conjunto, y la pureza de principios, poner todas las partes de la Orden a la vez que gozar de todos los bienes diversos que deben operarse en todos los lugares donde se extiendan sus buenas acciones, y participar, cuando menos felicitándose, si no pueden hacerlo por sus mismos actos.

Asi es como la Orden debe contemplar el sentido del término beneficencia. Es así como, adoptándolo en la mayor amplitud de que sea susceptible, esta Orden tan extendida, tan esclarecida debe trazarse una carrera de beneficencia, tan vasta como el principio viviente en el que esta virtud toma su origen, principio que no es otro, lo repito, que esta bondad, este amor infinito del Gran Arquitecto del Universo por todas sus criaturas, que todo hombre, nacido a imagen y semejanza divina, debe imitar, y en el que encuentra en el fondo de su corazón tan deliciosas recompensas cuando es fiel a esta ley impresa tan profundamente en todo su ser. En fin, es así que todos los proyectos particulares pueden conciliarse entrando en las miras generales, que la Orden, consagrada sin reservas al bien de la humanidad, no manifestándose más que por sus buenas acciones, se hará querer y respetar en todo momento y asegurará para siempre su existencia y tranquilidad.

Henri de Virieu
A. Circulis

GRAN PRIORATO DE HISPANIA
ORDEN DE LOS CABALLEROS MASONES CRISTIANOS
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