"NECESIDAD DE REUNIR LOS RITOS Y SISTEMAS MASÓNICOS. ¿CÓMO CONSEGUIRLO?" Me queda por responder la cuarta y última cuestión de la moción a saber: ¿Cuál es el sistema más conveniente para reunir lo mejor posible y sin peligro las partes constituyentes de la Orden en un solo y mismo Régimen?. Por dificil que sea tamaña empresa, vista la multiplicidad y diversidad de puntos de vista, opiniones y proyectos, pienso que la ejecución de una reunión general de ritos, sistemas y ceremonias es posible; sobre todo cuando hecho un vistazo sobre esta augusta asamblea que veo compuesta de dignos y respetables Hermanos que el interés general de la Orden ha reunido, que la esperanza de ver realizado este proyecto de reunión general y el deseo de cooperar han hecho venir aquí, provinentes de todas las partes de Europa bajo invitación de S.A.S. nuestro Reverendísimo Gran Superior a Victoria; cuando la veo presidida por un Gran Príncipe, cuyo renombre, desde hace largo tiempo lo ha hecho célebre en toda Europa y que es conocido en todas partes como un héroe amigo de la humanidad (1); nos ha estado reservado, mis muy Caballeros y Rev. Hermanos el venir a admirar de cerca las eminentes virtudes y las excelentes cualidades de corazón y de espíritu que caracterizan a su ilustre persona, y venir a confirmar por nuestra reunión, hecha bajo sus auspicios, el más alto título que la Orden pueda conceder (2) ; cuando todas las quimeras de Gran Maestro General escondido y desconocido acaban de desaparecer; que no debemos esperar de las miras sanas y bienhechoras de un augusto jefe, amigo y querido de la verdad, que las Provincias Alemanas han presentado en esta calidad a las Provincias Francesas, y que éstas se han afanado a reconocer enseguida(3); sobre todo cuando lo vemos secundado con el celo más puro, más vivo y más activo de uno de los segundos jefes de la Orden en la persona de S.A.S. el Reverendísimo Hermano a Leone resurgente(4); cuando vemos a este digno y respetable Príncipe, inflamado de amor por la Orden y sus verdaderos principios, y ardiendo en deseos de extender el progreso, olvidar a cada instante las prerrogativas de su rango para ponerse al lado de cada uno de sus Hermanos; yo lo confieso, Hermanos mios, mi alma penetrada de ternura y respeto por tan dignos jefes, se complace anticipadamente por el feliz éxito de sus cuidados, de sus luces y de las vuestras. Cada uno de nosotros se encuentra aquí para cooperar con todas sus fuerzas en la ejecución de un proyecto tanto más deseable, que por sí solo pueda empezar a devolver a la Orden su esplendor y estima pública, levantándola del estado de envilecimiento en el que ha caído desde hace largo tiempo en todas partes; cada uno de nosotros debe dar su opinión personal, según sus luces y su conciencia, y proponer, con honestidad y decente franqueza, lo que estime más conveniente y ventajoso para la Orden en general, sin dejarse mover ni sorprender por interés personal alguno ni consideración particular de Capítulo o localidad cualquiera, sin lo que, sería completamente inutil deliberar en común. Todos juntos debemos contemplar el asunto desde una perspectiva global y desde este punto de vista combinar un Plan general que concílie el interés general de la Orden con el de sus partes principales, salvo las excepciones que puedan estar permitidas a algunos Capítulos o distritos de la Orden que paliarían malestares locales, resultantes del plan general(5), los cuales no debemos desconocer si ellos están fundamentados, antes al contrario debemos favorecerles en todo lo que pueda asegurar su tranquilidad y su progreso sin detener por ello los resortes del resto de la maquina. Para combinar un plan que pueda llegar a ser acertado en sus efectos, es necesaria entre todos los cooperantes una confianza recíproca y una perfecta harmonía; esta parece reinar entre nosotros, lo que ya es un feliz presagio(6). Cada uno de nosotros sin excepción a dado pruebas de su celo por su asiduidad, de prudencia por sus reflexiones, y de sabiduría en sus opiniones, luego ¿qué falta más para hacer nacer y cimentar la confianza recíproca entre todos aquellos que forman ya la asamblea?. Pero esta aumenta todos los días y aún no tenemos el placer de poseer todos aquellos que pueden hacerla crecer todavía más(7); asi pues, si entre estos últimos apareciera alguno que, movido por intereses personales, dominado por el gusto del desorden, o dirigido por cualquier sentimiento de orgullo, odio o envídia, viniendo bajo la máscara de la fraternidad a sembrar la turbación entre nosotros; si apareciera alguno de estos espíritus peligrosos que, sin ningún gusto por el bien, proyectando y preparando siempre el mal sin osar mostrarse al descubierto, no ocupándose de otra cosa que no sea el minar sordamente y con una marcha tenebrosa los mejores proyectos, para regocijarse a continuación en secreto o con otros confidentes tanto o más deprabados que él por la destrucción que acaba de efectuar; ¡ah Hermanos mios! si podemos constatar a cada instante la desgracia en la que estamos inmersos en el presente, ¿debemos dudar un solo instante para unirnos y desenmascarar un enemigo tan peligroso, para hacerle sonrojar por sus desvarios, y para forzarle a dejarnos o hacer que sea como debería ser entre nosotros?. ¿Debemos vacilar en consignar su nombre en los fastos de la Orden y de esta respetable asamblea, y escribirlo con caracteres que mostraran al mundo entero al autor de nuestros males y sirvieran para horrorizar a todos aquellos que, en algún momento, estuvieran tentados de imitar tan pernicioso ejemplo?. ¿Pero porqué, cuando debiéramos felicitarnos mutuamente por nuestra composición y uniformidad de miras, debo yo librarme a temores quiméricos, mis queridos Hermanos?. Es porque comparto con todos vosotros el deseo de hacer lo mejor posible, que temo sin motivo lo que ciertamente no llegará. Y ahora, vuelvo al asunto de mi exposición. El pueblo masón, disperso en toda Europa, tiene en este momento los ojos puestos sobre nosotros, y espera de vuestras sabias deliberaciones un punto o lugar de reunión. Igualmente, quizá fijamos también la atención de la mayor parte de Gobiernos políticos y de un gran número de aquellos que no tienen ninguna afinidad de Orden con nosotros; este momento anunciado desde hace largo tiempo(8) parece decisivo, puede aportarnos estima, benevolencia y protección, como puede sumir a los Masones y la Masonería en un mayor envilecimiento. Al finalizar este Convento, estaremos rodeados de hombres de todos los rangos y de todas las edades, que buscarán leer en nuestros ojos para sorprender los signos de alegria o tristeza que expresen los resultados. Que motivos más apremiantes para concurrir todos juntos a procurar lo mejor posible, y sobre todo al gran objetivo de una reunión general de todos los ritos y sistemas masónicos, cimentada por leyes generales, sabias y precisas, que inviten y obliguen, como primer y principal objetivo de la Masonería, a una práctica constante y pública de las buenas costumbres y de la beneficencia en el sentido más extenso, asi como de los deberes sociales y patrióticos, y al respeto por nuestra santa religión cristiana en general?. Las opiniones que han sido dadas hasta el presente en esta augusta asamblea sobre todas las materias tratadas, no permiten dudar que vamos, todos sin excepción, hacia el mismo objetivo, aunque con criterios diferentes sobre los medios que deben conducir a este objetivo; y sin embargo los medios deben ser concertados y determinados por una pluralidad legislativa; pero si cada uno, estimando el medio que él propone como el mejor posible, persiste en hacerlo preferir a los demás, ¿cómo se podrá llegar a conciliar esta pluralidad y diversidad de opiniones?. Parece pues indispensable que cada uno se disponga a hacer sacrificios sobre la suya y que después de haberla presentado y explicado como juzgue necesario a la asamblea general, la someta sin pena a la pluralidad de los sufragios definitivos(9). En esta espera, estimo que, de todos los sistemas que sean propuestos, aquel que se situe en el centro de todos, reteniendo de los que le rodean lo que pueda serle adaptado sin introducir novedades ni quimeras, será el más apropiado para acercar y conciliar los extremos, y en consecuencia establecer en la Orden, rápida o sucesivamente, un sólo y mismo régimen. Bajo este punto de vista, me atrevo a proponer a esta respetable asamblea lo que el Gran Capítulo Provincial de Auvernia, después de detenidas deliberaciones, ha preferido; con la introducción, no obstante, de las modificaciones que se me han autorizado hacer después de las comunicaciones preliminares e instructivas que he recibido entre vosotros una vez abierto el Convento(10).
La Provincia de Auvernia propone que el futuro régimen sea dividido en tres clases distintas, de las que dos serán ostensibles en el régimen, y la otra solo será conocida por los mismos que la componen, a fin de que, por una parte no provoque ninguna envídia, y que por otra, ésta no se encuentre expuesta a inoportunas solicitudes(11). De acuerdo con este plan, cada una de las clases tendrá el número y la especie de grados relativos a su propósito particular. La primera clase, dicha simbólica, quedará compuesta de los tres grados fundamentales, de aprendiz, compañero y maestro, y de un 4º grado simple o compuesto bajo la denominación de Escocés(12), el cual, aunque simbólico, comenzará sin embargo a desarrollar un poco el sentido particular(13) que será convenido para cada uno de los tres primeros. Esta clase constituirá la Orden masónica y será regida por la segunda, ya que la 3ª o última no deberá tener ninguna parte ni influencia particular en la administración general del Régimen. La primera tendrá como único objetivo el estudio y la práctica de las virtudes morales, sociales, religiosas y patrióticas, y de una beneficencia activa que la haga útil a la Orden, a las diversas sociedades que la componen, y a la humanidad en general; sin impedir, no obstante, a los individuos de las logias o sociedades que tengan la aptitud y las ocasiones de penetrar en el sentido más elevado de los símbolos y emblemas masónicos, la facultad de procurarse las luces en este aspecto, y sin que estos se vean obligados a comunicar a la Logia o al Capítulo los conocimientos que hubieran adquirido si no se les hubiese dejado la libertad de hacerlo(14), ya que el único medio de ganar la obediencia es no sometiéndola. En cuanto a los grados de esta primera clase, debo decir que la Provincia de Auvernia, es abiertamente partidaria de los que se acordaron en su momento en el Convento Nacional de las Galias, y especialmente de los tres primeros, siendo estos los que mejor le han parecido para cumplir mejor el objetivo que esta se había propuesto; serán sometidos al examen del Convento General cuando éste lo juzgue conveniente. Sin embargo como dicha Provincia sabe que existen diversas otras fórmulas de estos tres mismos grados, y otros superiores, practicados desde hace tiempo por las grandes Logias Nacionales de Berlín, Suecia, Inglaterra, y en diversas regiones de Alemania, las cuales podrían cumplir como los suyos el objetivo moral y preparar al mismo tiempo por los mismos símbolos y emblemas a conocimientos más elevados, ruego en su nombre al Convento General el procurarles la comunicación y estatuir que estas fórmulas sean producidas, leídas y examinadas en el Convento, e incluso comunicadas a todas las Provincias a fin de que cada una de ellas pueda juzgar con conocimiento de causa, cual de esas fórmulas le convendrá elegir, y que se obliguen a declarar antes de la fiesta de San Juan Bautista de 1783 cual adoptan definitivamente; requiriendo también que Convento General, después del examen que hará de las diversas fórmulas de los diferentes ritos, determine el número de fórmulas sobre el que las Provincias tendrán que optar; que este número sea lo más pequeño posible; que sea convenido que de la elección que ellas hagan, por diferente que sea la una de la otra, no rompa en absoluto la unión general que ellas proyectan; que aquellos que sigan un rito no sean reputados extranjeros en el otro, hasta que se haya estatuido definitivamente de otro modo, y que estén todos unidos bajo un mismo Jefe General de la Orden de los Masones; esta unidad de Jefe siendo el lazo más precioso de la Orden como el más apropiado para acercar todas sus partes y reunir los diferentes ritos en uno solo; ya que es posible que a medida que el sentido particular de las diversas fórmulas se desarrolle por medio del estudio meditado y el conocimiento más profundizado de los emblemas y símbolos que ellos presentan, se pueda lograr en poco tiempo reducirlas en una sola que colmaría todos los objetivos que se proponen(15). "LA SEGUNDA CLASE U ORDEN INTERIOR" La segunda clase será el término final reconocido de la Masonería, y constituirá la Orden interior, a la que será confiada la alta administración del Régimen; esta conservará una Orden de Caballería, bajo el título de Caballeros Bienhechores de la Ciudad Santa(16), con un ceremonial particular análogo a (17) esta denominación, lo que establecerá o conservará una conexión con la antigua Orden de los T., o como sus sucesores, no ya de sus posesiones, sino de sus conocimientos, o como sus predecesores: ya que esta conexión podría ser tomada bajo este doble aspecto, puesto que los Caballeros de la Ciudad Santa, pobres y existiendo por su propia voluntad, han precedido, en la misma Orden, a los Caballeros T. convertidos en ricos y poderosos. Ahora bien, es la Orden rica y poderosa la que ha sido extinguida, y no la Orden primitiva pobre y sin apoyo; asi pues remontándonos al estado, al título y al objetivo primero de la institución, la conexión entre la primera y la segunda y de la segunda a nosotros queda establecida sin peligro y podría incluso ser reconocida en casos extremos si los grados por los cuales será conservada dejaran conocer porque lo és, y no sabríamos como hacerla conveniente sin establecer una relación científica(18). Siguiendo este plan, la clase simbólica no tendrá más que una finalidad moral y de beneficencia, y la Orden interior ofrecerá una finalidad moral e histórica, y preparará para un fin de conocimientos científicos. La Orden interior tendrá dos grados: el del noviciado y el de la Caballería; será regida y administrada poco más o menos como lo es en nuestro sistema actual, salvo las modificaciones que sean juzgadas apropiadas por el Convento; y en el caso de que el plan pueda parecer adecuado, la Provincia de Auvernia ha hecho redactar una fórmula para el noviciado para ser presentada al Convento que yo someteré a su examen cuando este lo juzgue conveniente, destacando que todos nosotros hacemos profesión de cristianismo, mientras que la Masonería simbólica esta toda ella fundamentada sobre el Antiguo Testamento, y que esta nueva fórmula establece una transición natural de la antigua ley a la ley de gracia bajo la cual trabajamos. Este sistema me parece el más razonable, dado el estado actual de cosas, y el más propio a conciliar, por un término medio, las opiniones extremas de los Capítulos que quieren conservar el sistema de restauración y de aquellos otros que quieren renunciar a él plenamente por ilusorio y peligroso. Pero se me puede objetar quizás: ¿porqué una Orden interior?, ¿porqué una Orden de Caballería? y ¿porqué esta conexión con la antigua Orden del Temple?. Responderé a ello: 1º Hay, para conservarla, si no ya una necesidad absoluta, al menos la mayor de las conveniencias. No se trata de crear una Orden interior, ella ya existe en todo nuestro Régimen, y, por esta misma razón, es preciso ser tan circunspecto para destruirla como hubiera sido necesario serlo para establecerla. Es desde hace 20 años la base de un Régimen que se ha extendido por todas partes; no se puede destruirla sin substituir una realidad bien probada, pero ¿dónde tomarla?. Y si se la destruye, sin reemplazarla, se corre el riesgo más evidente de destruir también sin retorno la confianza presente y futura de los Masones y los profanos, que no sabrán en adelante que pensar de la Masonería, al darse cuenta que marcha a tientas y cambia de ruta a cada paso. Es pues prudente el prevenir esta desfavorable impresión. 2º Me parece muy sabio y necesario que la administración del Régimen sea reservada a una clase más elevada y claramente diferenciada de la primera, es pues menester que exista una segunda. 3º Si jamás se pueden llegar a procurar en el nuevo Régimen algunos conocimientos científicos positivos que constituyeran su 3ª y última clase, la segunda doblaría por un tiempo a ojos de los Masones simbólicos el velo que la cubre para no desviar demasiado pronto su atención del único objetivo moral que se deberá enseñar en la suya; y ella sería al mismo tiempo para aquellos que la componen un doble medio de pruebas para prepararlos a entrar(19). En segundo lugar, si la necesidad o la conveniencia de una Orden interior queda demostrada, esta Orden interior deberá ser una Orden ecuestre. 1º Una Orden dedicada a la beneficencia debe procurarse medios lo suficientemente abundantes como para ejercerla, debe pues detentar en su seno incentivos suficientes como para atraer a todos aquellos que le convienen como cooperantes a su finalidad; luego las decoraciones de la Caballería son un seguro medio para algunos de aquellos, que siendo buenos de corazón, tampoco son de miras muy elevadas(20). 2º Una Orden rectora debe ser en todo distinta de la Orden regida; el Masón que construye paleta en mano lleva un mandil, pero el arquitecto que dirige la construcción no lleva ninguno, le es preciso sin embargo una vestimenta. 3º La Orden de Caballería existe en el Régimen, puede todavía existir sin inconveniente, y por esta sola razón, serán necesarios motivos mayores para aniquilarla. 4º La conexión íntima de la Masonería con una Orden de Caballería se ha demostrado tan evidente que por sí sola establece la conveniencia de conservar las relaciones. Finalmente, no ya solamente la Orden interior debe ser una Orden ecuestre, sino que debe ser también una Orden ecuestre misteriosa y que exija el secreto; ya que sin esto no se podría justificar a los Masones la necesidad de juramentos o compromisos de discreción que la Orden exige, los cuales suponen indispensablemente un objetivo secreto; si la Masonería no tiene otra finalidad que el de la moral y la beneficencia, ciertamente no tiene necesidad de juramento. Y con tal que exija uno solo, promete, o una ciencia bien rara, o el desarrollo de un gran secreto; luego ciertamente la filiación de los Masones con la Orden de los T. es el más gran secreto que ella puede ofrecer a aquellos a los que la naturaleza no quiera revelarles los suyos(21). Reconozco sin embargo, que el Convento general no deberá rechazar tal modificación del sistema que finalmente adopte en este sentido, en el caso de Capítulos que demuestren que la conservación o el establecimiento de una Orden ecuestre perjudicaría en su territorio el progreso de la Orden o la tranquilidad de los individuos(22). "LA TERCERA Y ÚLTIMA CLASE" Cuando he hablado de una 3ª y última clase del Régimen sin definirla, entiendo que ella sería compuesta por Hermanos que tuvieran la ocasión y los medios de obtener algún alto conocimiento. Como nadie se ha presentado ante nosotros con los materiales necesarios para establecerla, podemos creer que aún quedará largo tiempo vacante; aunque no esta en nuestra mano determinar sus formas ni la composición(23), no puede sernos indiferente que el Convento determine la posibilidad de su existencia, puesto que ello establecería el medio de acercar un día y propagar en nuestro Régimen conocimientos preciosos, que, a falta de poder ser acogidos, volverían a fluir en otra parte; ya que si queremos examinar atentamente, de buena fe y sin prejuicios, nuestros símbolos emblemas y ceremonias, que no son otra cosa que una imitación diversificada de otros más antiguos, ¿podémos querer desconocer que velan a nuestros ojos grandes y útiles verdades?. Tengamos el valor de echar de nuestro espíritu todo sistema moderno que hemos alimentado quizá durante demasiado tiempo y con demasiada complacencia, examinémoslo a continuación friamente y pienso que quedaremos convencidos. No quitamos a esta afirmación el peligro de introducir en la Orden sistemas quiméricos y exponer a nuestros Hermanos a ser víctimas de nuevos seductores, visionarios o bribones(24); toda precaución es poca para guarecernos de esta desgracia; pero si es preciso destruir las buenas cosas de las que se ha abusado, las mejores y más sagradas no existirían más. La Masonería es un edificio inmenso en el que todo lo que hay de bien y bueno puede encontrar su lugar, redoblemos la vigilancia para solo alojar buenos huéspedes, pero no pretendamos cerrar las puertas, que se abrirían a pesar nuestro. Sea que consintamos o nos resistamos a la formación de esta clase, ella se formará igualmente cuando le llegue su momento. En el primer caso, nosotros mismos habremos abierto nuestros Templos a las verdades útiles, que libremente podrán circular entre nosotros, aquellos que son sus poseedores sabrán donde tomarnos o buscarnos, y nosotros mismos sabremos bien pronto donde encontrarlos. En el segundo caso, no teniendo ningún signo de fraternidad con ellos, llevarán razón al desconocernos y nosotros tendremos algún día el pesar de haber faltado a nuestro objetivo(25). Para no dejar ninguna confusión en mi propuesta debo explicarme más claramente. Digo, que sería útil convenir la formación de una 3ª y última clase en el Régimen; la cual sería reservada para los altos conocimientos que se puedan adquirir con el tiempo y felices circunstancias; que esta clase, cuya existencia será conocida, será al mismo tiempo secreta, de modo que aquellos que sean admitidos no deben de ninguna manera darse a conocer, para evitar el levantar envídias y exponense ellos mismos a inoportunas solicitudes. Que deberán ser escogidos sucesivamente de entre los miembros de la Orden interior, que sean considerados como más maduros y más probados; de donde resultará que deberán estar en guardia contra los simples Masones que afirmaran a la ligera o falsamente estar instruidos; que aquellos que verdaderamente lo estén deberán buscar, cultivar y disponer convenientemente a aquellos que se muestren dignos de su atención; que esta clase, que deberá distinguise de los otros Masones por una mayor regularidad en sus principios y en su conducta, no podrá tener ningún tipo de influencia en esta calidad en la administración del Régimen, que quedará exclusivamente reservada a la segunda;en fin que, sea donde sea que ella obtenga sus conocimientos o cualquier consideración que pueda deber a quien sea, quedará exclusivamente bajo el gobierno del Gran Maestro General de la Orden y de los Maestros Provinciales, sea que estos posean los mismos conocimientos o no, con el fin de que no pueda turbar de ninguna manera la armonía general(26). Tal es mis muy Rev. HH., el Plan que tengo el honor de presentaros en nombre del Gran Capítulo Provincial de Auvernia, y que someto a vuestras luces. NOTAS:
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