ANTEPROYECTO DE WILLERMOZ, Parte I


Willermoz

 Anteproyecto del H. ab Eremo, gran canciller de la II.(1) Representante del Gran Capítulo Provincial y de los grandes oficiales provinciales de la misma, sobre la cuestión conceniente a la legitimidad de filiación de la O. del T.(2) con nuestro sistema actual, y cuál será el sistema futuro de la Orden.

PREÁMBULO.
Posición de las cuestiones.

Los elogios que la comisión nombrada para hacer el extracto de las respuestas que han sido dirigidas a S.A.S. el reverendísimo gran superior de la Orden, a Victoria, (3)sobre las propuestas incluidas en la primera circular del 19 de septiembre de 1780, (4)ha tenido a bien dar a la memoria de los hermanos de Lyon, parecerían deber prohibirme no apartarme ni un ápice del plan propuesto en esta memoria, puesto que ella fue en su tiempo el resumen de las opiniones combinadas de los dignatarios y grandes oficiales de la provincia de Auvernia, de la prefectura de Lyon, y de las encomiendas del departamento de esta última, los cuales se unieron todos juntos para redactarla.

Pero si consideramos que esta memoria sólo fue presentada como un anteproyecto, que está fechada el 24 de enero de 1781, es decir hace dieciocho meses, que en esa época se pidieron aclaraciones cuya comunicación ha debido operar algún cambio en las opiniones; si se considera también la naturaleza de los plenos poderes de que dispongo y la especie de las instrucciones designadas; se reconocerá que estoy ampliamente autorizado para derogar algunas partes de esta memoria sin ponerme en contradicción con los capítulos que la han presentado.

Declaro incluso que, en el anteproyecto que personalmente voy a abrir, no hago otra cosa que razonar aquel otro del gran capítulo provincial de la segunda y de sus grandes oficiales que tengo el honor de representar, como resultado de sus últimas deliberaciones; anteproyecto sobre el cual me apresuro a insistir en tanto que me lo permita la decencia, el amor al bien general de la Orden y de la unión de sus miembros, y la deferencia que debo a las decisiones de esta ilustre y respetable asamblea.

Después de esta declaración, que me permite la libertad de opinar a favor o en contra de lo que se propone en la memoria de los hermanos de Lyon, voy, con el permiso de S. A. S. el reverendísimo gran superior de la O., a exponer y motivar mi opinión sobre las importantes cuestiones que se van a tratar en el día de hoy.

Primera cuestión.

¿Qué interés tenemos en el examen de una filiación con la O. de los Cab. T. y en qué calidad debemos hacerla?

Segunda cuestión.

La filiación de la O. de los T. con nuestro sistema actual, ¿es legítima o no lo es?

Tercera cuestión.

En el primer caso, ¿es prudente y conveniente conservar nuestro sistema en su forma actual?; y en el segundo, ¿debemos renunciar absolutamente a esa filiación?

Cuarta cuestión.

¿Cuál es el sistema más conveniente para reunir lo mejor posible y sin peligro las partes constituyentes de la Orden en un solo y mismo Régimen?

Estas cuatro cuestiones me parecen tan estrechamente ligadas que uno no puede de alguna manera separarlas de los motivos que han determinado su examen; voy a intentar responder a la primera, ya que la solución quizá pueda hacerse extensiva sobre las siguientes.

HISTORIA DE LA ORDEN DEL TEMPLE.
Su nacimiento, su prosperidad y su caída.

La Orden de los T. empezó existiendo en Jerusalén en un estado de pobreza que no hacía envidiar a nadie, bajo la denominación de Caballeros de la Ciudad Santa, por la sola y libre voluntad de sus nueve fundadores, quienes dedicaron su sangre, su vida, su voluntad y todo su ser al sostén de la religión cristiana, a la seguridad de los peregrinos y al alivio de todos aquellos que pudieran socorrer. No perdamos de vista, mis muy Rev. hermanos este primer momento de su existencia ni el objetivo que entonces les reunía, ya que podría sernos útil el volver otra vez a ello. La Orden aumentó bien pronto con la recepción de los más ilustres personajes del mundo cristiano, y por ello o de otro modo se convirtió en inmensamente rica. Había sido consagrada por la Iglesia como orden militar y religiosa, y en esta calidad, recibió una cruz, una indumentaria y una regla particular.

Se le atribuyó inmediatamente el ser poseedora de algunos conocimientos secretos de la naturaleza, que contribuían a aumentar su gloria y sus riquezas; no decimos que todos los caballeros fueran poseedores de estos conocimientos, sino solamente los principales de entre ellos que se los transmitían sucesivamente de unos a otros. La tradición tampoco dice que los poseyeran en exclusiva a cualquier otro conocimiento, sino tan sólo que ellos eran como inherentes a la Orden y que entre ellos resultaban menos raros y mejor reunidos que en cualquier otra parte. Se pretende incluso que la institución de la Orden se apoye sobre una base científico numérica. Podemos observar que en la época de su mayor esplendor, estuvo dividida en nueve provincias, gobernadas cada una de ellas por un jefe provincial, que el número de sus nueve jefes corresponde al de sus fundadores, completando con su gran maestro general el número de diez, y algunos atribuyen a ese número el valor de expresar las más grandes cosas. Esta observación, bastante indiferente a los fines de mi exposición, quizá sea despreciada y tomada a broma por algunos, y quizá también pueda llamar la atención de algunos otros; en cuanto a mí, dejo que cada uno le dé el sentido que quiera darle, señalando solamente que cuando se quiere comprobar el origen y objetivo de una orden o sociedad, no se debe descuidar ninguna de las claves que puedan ayudar a esta comprobación, señalando además que la Orden de Malta, que nació en el mismo lugar y casi en la misma época, parece estar instituida sobre la misma base, que todavía conserva, aunque haya lenguajes de esta orden que hayan dejado de utilizarse, y que aún actualmente esta representada en Malta por nueve pilares o cabezas de la orden bajo diferentes denominaciones, las cuales con su gran maestro dan un total de diez y, que los capítulos generales, están compuestos por veintisiete representantes, que con el gran maestro completan veintiocho, volviendo al mismo número. Esta conformidad parece interesante, y posiblemente podríamos llegar a encontrar en los antiguos archivos de esta orden alguna otra causa aún más interesante; conozco a varios miembros de esta última que están convencidos de ello.

Vuelvo otra vez a la Orden del Temple. Su crédito, su poder, y sus inmensas riquezas la hicieron sospechosa ante algunas potencias, que proyectaron su ruina; Esta fue preparada en secreto, y sus miembros, perseguidos. Seamos de buena fe, mis queridos HH., por injusta que fuera esta persecución, por ilegal que fuera la sentencia de extinción de la orden, la mayor parte de sus miembros habían perdido de vista el objetivo primitivo de su institución, el orgullo que inspiran las grandes posesiones los había cegado, y afiló los instrumentos que los aplastaron; este orgullo y los vicios tan  comunes que surgen en épocas de gran prosperidad impidieron a la opinión general tomar parte en su defensa, siendo víctimas de todo ello. Su último gran maestro, más respetable en su cautiverio y sobre el cadalso que lo que hubiera podido parecer hasta entonces, sosteniendo su inocencia hasta los últimos momentos de su vida con una firmeza heroica, dio pruebas de los conocimientos de su orden así como de los suyos propios por dos famosas citaciones proféticas que tuvieron con el transcurrir de la historia su perfecto cumplimiento, (5) y probaron al mismo tiempo que si su orden poseía el arte de hacer oro, poseía también conocimientos muy superiores a éstos. La orden fue extinguida, injustamente sin duda, o al menos se supone que así fue; aunque por lo visto, y dado que no se ha suscrito su destrucción, se haya desarrollado y siga desarrollándose bajo formas y denominaciones quizá desconocidas para nosotros, que pretendemos no obstante sucederle en todo y, además, inmediatamente  (6) .

¿QUÉ TIPO DE FILIACIÓN REIVINDICAR?.

Pero, ¿qué interés podemos tener hoy para resucitarla? La Orden del Temple ha poseído riquezas inmensas; admitamos también, puesto que no podemos negarlo, que ha poseído conocimientos raros y preciosos de la Naturaleza, sin poder determinar sin embargo la especie ni el grado. ¿A cuál de estas dos partes de la herencia pretendemos? Ya que, para la una harán falta pruebas irrefutables de sucesión y filiación ininterrumpida infinitamente más fuertes que para la otra. Refiriéndome para empezar al primer caso: es evidente que los bienes y riquezas de los templarios les han sido quitadas, que éstas han sido totalmente dispersadas, y que esta dispersión está asegurada por la posesión de las mismas entre los diversos cuerpos en que ésta se ha producido, por lo que una pretensión semejante operaría tal gran conmoción que sus efectos podrían ser muy peligrosos. Y yo me pregunto, ¿nos corresponde a nosotros acometer tal petición? ¿A hombres que han jurado ante Dios y sus hermanos servir y defender a su patria, no aportarle ningún transtorno, obedecer sus leyes y las ordenes de su soberano, y respetar su voluntad? ¿Que tales hombres pueden legítimamente, y únicamente por satisfacer la codicia de algunos, proyectar una tan gran conmoción? No, sin duda alguna; pero, en el caso de que quisiéramos, ¿dónde están nuestros títulos? Si, en las cortes de Justicia de cualquier nación civilizada, un heredero, que a pesar de un derecho establecido a una sucesión, no pueda presentar un título incontestable a los términos de la Ley, ve desestimada su demanda, ¿cómo podemos pretender que, en una causa de proporciones semejantes, cuatro palabras dichas misteriosa y confidencialmente al oído puedan ser títulos suficientemente válidos para tan loca pretensión?. Todas las investigaciones que han sido hechas desde hace veinte años por encontrar, todo lo que ha sido dicho en este convento así como en todos aquellos que lo han precedido  (7) no han podido procurar el menor vestigio. Sepamos pues, de una vez por todas, renunciar formalmente, tanto corporativa como en particular, a una pretensión quimérica y peligrosa cuyo único efecto sería el hacernos sospechosos e intolerantes ante todo el mundo, y rindamos antes de separarnos, este importante servicio al género humano preservándole de toda turbación, y sobre todo a nuestros hermanos, a los que sustraeremos con ello de nuevas y justas persecuciones.

Pero, al mismo tiempo, cambiemos de objetivo en nuestras investigaciones, examinemos atentamente nuestros títulos de filiación, en calidad de masones, con esta orden ilustre que presumimos ha sido depositaria de conocimientos y ciencias masónicas y, sólo bajo esa razón, si ella se prueba convenientemente, reclamemos con confianza y perseverancia nuestros derechos a esta porción de su herencia; a la cual y, por otra parte, todo ser pensante tiene también derecho. Sin desestimar las otras fuentes, (8) excavemos con coraje en ésta; como esta porción de herencia no enriquece, nos será menos disputada; para la primera, es preciso títulos evidentemente auténticos, pero para ésta de aquí, lo verosímil y las probabilidades razonables pueden ser suficientes; es bajo este punto de vista que voy a proseguir mi examen. Pero antes de emprender la cuestión que nos ocupa, voy a permitirme tratar de definir lo que vulgarmente se denomina como altos y sublimes conocimientos y altas ciencias, y que sin embargo no se deberían nunca confundir; examinaremos a continuación bajo qué relaciones científicas los masones están ligados o pueden ligarse con la orden de los templarios.

CONOCIMIENTO Y CIENCIA: DEFINICIÓN.
¿Cómo buscarlos?

Pienso que por esta palabra genérica de altos conocimientos se debe designar la intuición o conocimiento íntimo de los medios por los cuales se aprende a conocer con certeza la teoría de una alta ciencia, y que se puede llamar ciencia al conocimiento de los medios por los cuales se puede poner en práctica, con certeza, dicha ciencia; así, en este sentido, la palabra conocimiento se aplicaría a una teoría preparatoria a la práctica, y la palabra ciencia se aplicaría a la práctica misma que opera resultados evidentes. Creo también poder avanzar que no hay más que una sola ciencia general propiamente dicha, al igual que no hay más que una verdad, y una sola fuente de verdad y de luz. Esta ciencia general se subdivide en varios géneros diferentes de ciencia parcial, que tienen todos una suerte de analogía entre ellos, como proviniendo todos de la misma fuente y teniendo todos un mismo objetivo. Cada uno de estos géneros tiene su clase particular de conocimiento teórico preparatorio para conducirlo, lo que explica la  diversidad de sistemas de conocimiento y de ciencia; ya que el hombre es un compuesto ternario de espíritu, alma y cuerpo  (9), que prueba en cada una de estas sustancias sus necesidades particulares y relativas; que el autor de la naturaleza ha querido, por un efecto de su bondad, hacer llegar hasta su criatura los socorros para todas sus necesidades; los encuentra cuando la misma criatura trabaja seriamente en su perfeccionamiento, y su reunificación hace su felicidad. Esto explica por qué tal conocimiento y ciencia es relativo a la masonería, la cual prepara por medio de símbolos, alegorías y ceremonias análogas  (10) a su fin particular; y porque tal o tal otro conocimiento no tienen la menor relación. Si los masones estuvieran bien convencidos de la veracidad de este aserto, no les veríamos correr a ciegas y, a la vez, tras todos los estilos indistintamente, creyendo estar preparados para cualquiera de ellos; no les veríamos confundir la vaga curiosidad que les lleva a apuntarse a todo lo que encuentran, con el verdadero deseo que es el único que merece recompensa; confundiendo así un resplandor efímero con la luz, y la apariencia con la realidad, creyéndose con derecho a obtener todo lo que demandan, lamentándose cuando se les rechaza, y exponiéndose demasiado a menudo a caer en el error; no se les vería permitirse tantas solicitudes que provocan promesas, algunas veces imprudentes, para quejarse acto seguido de su incumplimiento. Sepamos pues, para nuestro buen gobierno, que toda promesa de este género es siempre condicional; supone la buena voluntad de aquel que promete, al igual que supone también las disposiciones requeridas en aquel que la solicita, y asimismo la constancia en sus resoluciones; pero, ¡ay de aquel que sucumbe a las pruebas que le han sido destinadas!, y que son siempre de elección del poseedor; la queja y la murmuración solo servirán para alejar la consecución de sus deseos, e incluso para privarle completamente de los mismos. Sepamos también que es deber de todo aquel que posee, el propagar con prudencia y discernimiento lo que ha recibido, del mismo modo que es obligación de aquel que busca, el ponerse en la disposición requerida para recibirlo.

No perdamos pues nuestro tiempo en descubrir el origen de la ciencia que denominamos actualmente masónica, y que al parecer ha debido ser profesada en diferentes tiempos y bajo diversas denominaciones. Si ha sido dada al hombre para sus necesidades, ésta debe ser tan antigua como su existencia temporal, y toma su origen en la fuente misma de las cosas temporales. Mejor unamos nuestros esfuerzos por descubrir en qué consiste esta ciencia, y quiénes son aquellos que gracias a sus conocimientos podrían conducirnos hasta ella. Por ella se descubre la verdad, y la verdad se muestra a todos los rectos de corazón que la buscan con sencillez y sin pretensión, y que la desean con un deseo puro, vivo y absolutamente sumiso, que el impío y el incrédulo no conocen, ni nunca pueden conocer. Esta ciencia es mas bien efecto del sentimiento que de la penetración de espíritu, ella simpatiza poco con las ciencias vulgares, aunque sea su principio; y es por ello que no hay que buscarla en las  academias de creación moderna en las que raramente habita; estos asilos de las artes y las ciencias vulgares, útiles hasta un cierto punto a la humanidad, no son lo suyo. Ella se adapta mejor a los que reconocen su debilidad, su degradación  (11) y sus necesidades, que a aquellos que creen saberlo todo, que se esfuerzan por convencer, y que prueban por ello su ignorancia de las cosas que no están a su alcance, así como su poca aptitud por instruirse.

Tal es la definición de la verdadera ciencia en general, tal y como he oído darla en más de una ocasión a hombres poco conocidos, pero que han sabido probarme con evidencia que esta definición era justa y sin réplica  (12). Pero como sea que ella exige lazos de amor, confianza y sumisión hacia el Ser Soberano, que uno no siempre se siente capaz de ofrecer, a menudo se prefiere extenderse en vaguedades, y negar sin prueba su existencia, e incluso cubrirla de ridículo, a ella y a aquellos que la buscan o que la cultivan, sin darse cuenta que ellos mismos se ponen en evidencia ante aquellos que son juzgados más competentes y que este lenguaje desgastado no podría hacer tambalear.

Pero si esta definición de la ciencia en general, que debe también aplicarse en lo que concierne a la ciencia masónica en particular, no parece justa a algunos de los Hermanos a los cuales tengo el honor de dirigir estas reflexiones, yo les rogaría que me dieran una explicación nítida, positiva, y basada en la naturaleza misma de las cosas temporales, que son expresadas por los números, por esos mismos números denominados misteriosos en la masonería, y de la que ella hace un uso tan constante en sus tres grados fundamentales generalmente adoptados en todas partes. Debo prevenirles que en tal caso no me contentaría con cualquier explicación sistemática aplicada, naturalmente, a ciertas partes del sistema pero que se limitase a echar la culpa a los demás para hacerlos ceder; para que ésta sea auténtica, es menester que abrace los tres grados simbólicos en su conjunto, y que cuadre sin esfuerzo con cada una de sus partes en particular; es preciso que pueda ser adecuada a todo ser pensante, que pueda aplicarse a todos los tiempos y a todos los lugares, en definitiva, a la naturaleza misma; hasta aquí, espero que estos hermanos permitirán reservarme mi opinión sobre su aseveración del mismo modo que ellos tienen derecho a reservar la suya sobre aquel que tengo el honor de presentarles.

LA CIENCIA MASÓNICA.

Sus relaciones con las otras ciencias.Pues, tras haber establecido mi opinión sobre la ciencia en general y sobre la distinción que debe hacerse entre los altos conocimientos y las altas ciencias, posiblemente se preguntarán en qué consiste la ciencia masónica y cuál es el carácter distintivo de ésta respecto de todas las otras. Sobre la primera pregunta, debo declarar que yo no sabría cómo darle respuesta adecuada, y que lo dejo a aquellos que, sobre este asunto, estén más instruidos que yo. En cuanto a la segunda, diré que el objetivo de los emblemas, figuras y ceremonias de la masonería simbólica será el de conducir a aquellos que la estudian al conocimiento teorético y a la práctica de la ciencia masónica, ya que, a pesar de la diversidad de ritos, los emblemas fundamentales de los tres primeros grados son en todos ellos los mismos, lo que prueba la unidad y la universalidad de su objetivo primitivo, por lo que la ciencia que desarrollará del modo más natural y sin esfuerzo el verdadero sentido de estos números, figuras, emblemas y ceremonias misteriosamente empleados en la masonería simbólica será ciertamente aquella que buscan los masones. Sin embargo, también diré que no tiene por qué ser absolutamente exclusiva ya que, aunque ésta se vincule especialmente a un propósito, ella debe también tocar más o menos a aquellos que sin saberlo están próximos a ésta, los cuales a menudo disponen de los mismos medios de los que ignoramos su procedencia, pero que la divina providencia ha establecido para llevarles a esa ciencia que nosotros buscamos y, por ella, al autor de toda ciencia; he ahí por qué tantos hombres que no han estado nunca en la Orden de los masones han conocido sin embargo la ciencia masónica.

Incluso señalaré que, del mismo modo que no hay línea de separación positiva entre los tres reinos de la naturaleza, tampoco la hay entre las diversas altas ciencias que son dadas al hombre para aprender a conocerla por entero, y que cada una de ellas tiene sin duda un medio entre sus bases y sus más altas extremidades, de suerte que allí donde la una termina, la otra empieza, y que ellas forman en su conjunto un círculo en el que la verdad es el centro; y de este círculo emanan al exterior las ciencias vulgares o secundarias de las que es el principio, que los hombres que se ocupan de todo ello alteran y desfiguran más o menos según el empleo o abuso que hagan de sus facultades intelectuales. Señalaré en fin que la ciencia en general, siendo una cadena inmensa que abraza por entero el universo físico y el universo intelectual, visible e invisible, es casi imposible que quien tiene la suerte de poseer uno de sus eslabones no sienta en mayor o menor medida las relaciones existentes con todos los otros que forman el conjunto de esta cadena. De donde resulta que el que se dedica especialmente a la búsqueda de una de estas altas ciencias, no debe desdeñar los rayos de luz que encuentre en su camino reflejados por algunas otras, ya que en este género de cosas nada es exclusivo, todo esta relacionado. La ciencia denominada actualmente masónica, me parece la situada más cerca de los masones, y a la cual tienen más fácil acceso gracias al socorro de los símbolos y emblemas que les sirven de peldaños para subir hasta ella; es también la que me parece más al alcance del hombre corporal terrestre, pero el hombre tiene más de una vida, y sin despreciar ninguno de los dones de su Creador, debe servirse de todas ellas.

Estimo pues que el masón, al estudiar atentamente aquella ciencia que le es presentada bajo el velo de los emblemas que la han caracterizado, debe ampliar su panorámica a medida que avanza en la carrera particular que le es abierta, y que un régimen masónico que no admitiera más que un sólo término en sus investigaciones, en detrimento de otros términos análogos, faltaría a la plenitud de su objetivo; ya que la verdad siendo una y universal, todos los emblemas deben pertenecerle, y aquellos que ella emplee para velar el rayo que deje descender a fin de ejercitar la inteligencia del masón pueden también convenirle para velar todos los otros rayos que ella destine para iluminar a los hombres en general. Procedamos pues de manera de no separar demasiado al masón del hombre mismo, para no defraudar su esperanza en los favores que ella le tiene destinados, puesto que el masón es hombre antes de haber adquirido el título de masón.

EL LAZO DE FILIACIÓN ENTRE LOS TEMPLARIOS
Y LOS MASONES ES EL DE LA CIENCIA MASÓNICA

Veamos pues ahora a qué título estamos más o menos próximos a la antigua Orden del Temple. Independientemente del lazo indisoluble y universal de fraternidad que une a todos los hombres como provenientes de una sola y misma fuente, principio único de toda existencia real, hay asociaciones particulares que, reunidas por un acuerdo de gustos y objetivos, reafirman con nuevos nudos este lazo de fraternidad universal. En estas asociaciones, todos los contemporáneos son hermanos, y los sucesores se convierten en hijos adoptivos de aquellos que se les han mostrado como herederos legítimos de las luces que ellos habían adquirido en su tiempo; y esto en el mismo sentido que un maestro de la ciencia se convierte en padre de su discípulo, en consecuencia, el lazo de las asociaciones científicas se convierte en tanto o más fuerte como lo pueda ser el efecto de una elección recíproca, libre y voluntaria. Me parece que es únicamente desde este punto de vista que debemos entender nuestra filiación con los Caballeros del Temple, filiación que será probada de ellos a nosotros como masones si se comprueba de una manera u otra que ellos hayan cultivado la ciencia masónica que nosotros buscamos; y la conformidad de esta ciencia debe ser probada por la conformidad de los emblemas que la representan.

Pero como no pienso que la ciencia masónica, la cual para ser verdadera ha debido existir desde siempre bajo diversas otras formas y denominaciones, haya estado concentrada exclusivamente en una cierta época en la orden de los templarios ni en ninguna otra orden moderna, y aún menos que de esta orden ni de ninguna otra hayan sido sus fundadores, aunque es posible que hayan establecido su forma y su denominación simbólica actual puesto que no se han encontrado anteriormente a ella signos verdaderos y no refutados de la existencia de esta denominación, en el sentido que nosotros le damos; y que antes al contrario, yo pienso que la ciencia masónica ha pasado por los caballeros templarios como ciertos ríos pasan por los grandes lagos sin perderse ni confundirse en ellos, y de donde salen reteniendo quizás algunas cualidades y propiedades particulares del lago que han atravesado, conviene pues a los masones no buscar únicamente en esta fuente, de por sí ya bastante agitada, las huellas de las verdades y conocimientos útiles que ellos buscan, sin embargo, creo que es más conveniente que, siguiendo la ruta que los caballeros templarios pudieran haber trazado, examinar también todos los senderos que confluyen en ella. Pero como sea que estos canales particulares, que también hubieran podido recibir y transmitir la misma ciencia, aunque quizás un tanto modificada, son confusos, aislados y casi siempre desconocidos, estimo que no se puede romper toda conexión con una orden que la hubiera podido poseer durante largo tiempo en cuerpo y quizás incluso enriquecido con sucesivos  trabajos, sin exponerse a privaciones reales, que pueden no tener lugar o incluso cesar en algún u otro momento, permaneciendo unidos a ella por un carácter distintivo, si reconocemos entre ella y nosotros una conformidad de emblemas que indican la misma ciencia; examinemos si esta conformidad realmente existe.

Una erudita memoria que el reverendo hermano a Fascia  (13) presentó al convento nacional de las Galias, que se tuvo en Lyon a finales del año 1778, contiene infinidad de anécdotas históricas muy interesantes verificadas por él mismo con un trabajo inmenso, y que tienden todas ellas a probar que los caballeros templarios no habiendo aceptado la extinción de su orden, la habían propagado sin ninguna duda, y que ésta aún existe en alguna parte y bajo alguna forma desconocida y secreta. Si bien es cierto, como casi nadie puede negar, que ellos hayan conocido y practicado los antiguos misterios de la masonería, es al mismo tiempo más que verosímil que han empleado la masonería simbólica como el medio más adecuado para favorecer su sistema de propagación, restauración y transmisión de conocimientos de los que su orden había sido poseedora, e incluso, visto el conjunto de probabilidades que vienen en apoyo de mi opinión, yo no estaría muy lejos de pensar que han sido en esa época los instauradores, no ya de la masonería y de sus bases fundamentales, que es infinitamente más antigua que ellos, sino únicamente de las formas simbólicas que nosotros practicamos. Ahora bien, a pesar del lapso de tiempo y los estragos por él producidos durante cerca de cinco siglos sobre los monumentos que ellos nos han dejado, dicha memoria nos cita varios aún existentes hoy en día, que prueban que los caballeros templarios han conocido y sin duda practicado la ciencia que es expresada por los símbolos especialmente afectos a nuestra asociación actual; entre esos monumentos se nombra las ciudades de Metz y de Aix, donde se han visto, dice, figuras de caballeros templarios que tienen en la mano nuestros símbolos más característicos, lo que denotaría que estos símbolos caracterizaban también una cosa que era particular a su orden, puesto que sus miembros los tomaban por atributos distintivos; nuestras relaciones son hoy tan diversas, que debería ser tan fácil como interesante el profundizar en la verdad de estos hechos. Hay un detalle del que se ha hecho mención en esta asamblea, y que se encuentra parcialmente citado en la memoria del reverendo hermano a Fascia, que merece una atención particular, como mucho más significativo que los precedentes; ya que no nos debe ser en absoluto indiferente el saber si es realmente cierto que en las excavaciones que fueron hechas en un lugar subterráneo que perteneció en otra época a los caballeros templarios en el castillo de San Brieux en Bretaña, ha sido hallado un templo masónico o una Logia caracterizado por un asiento en piedra situado al Oriente para el maestro de la Logia, dos asientos parecidos a Occidente para los dos vigilantes, adosados a dos columnas similares a las del Templo de Jerusalén, que aún hoy podemos encontrar en nuestras logias ; de saber también si es realmente cierto que los muros de ese templo están revocados sobre su superficie interior con un yeso blanco que recubre las pinturas emblemáticas análogas a la masonería.

En apoyo de todos estos hechos, si son bien constatados y, sin contar con otros quizá más numerosos que nosotros ignoramos, voy a comunicar a esta respetable asamblea lo que me ha llegado referente a un descubrimiento de este tipo efectuado hace ya algunos años; citaré el hecho con todas las circunstancias que pueda mencionar sin cometer indiscreción, y me comprometo en dar a conocer a S. A. S. el reverendísimo hermano gran superior de la Orden y a otros tres miembros de esta asamblea que él designe a su elección, el nombre de quien me lo ha comunicado, así como las circunstancias y detalles que habré callado a la asamblea general. No haré con ello más que cumplir con la voluntad de aquel que me ha puesto al corriente sobre este descubrimiento.

He aquí el extracto fiel de su narración: “He hecho un descubrimiento muy importante, que me prueba que los caballeros templarios han poseído conocimientos masónicos, e incluso de los más elevados. Un antiguo masón llamado (N. N.) establecido en el Tirol, hombre muy instruido y que ha pasado por todas las sociedades secretas, leyó en los archivos de .... que los caballeros templarios habían ocultado cosas preciosas en una de sus casas, convertida actualmente en un convento en el Tirol. Se puso de acuerdo con otro hermano, y juntos excavaron en las ruinas de dicha casa. Después de algunos días de trabajo encontraron un cierto número de placas de un metal que se parecía al plomo, todas cubiertas de inscripciones en una antigua lengua llamada italiano gótico; varias de ellas contenían también jeroglíficos. Las inscripciones y los caracteres se referían a la química y la alta alquimia; es un curso completo del arte; yo las he visto y examinado en su casa en N.... De todas las placas, las que más me han gustado son dos que son todas ellas masónicas, y me importaba mucho verlas, porque ellas me prueban evidentemente que el Arte Real ha pasado por manos de  los caballeros templarios. La escritura de las placas denota la huella evidente del paso de varios siglos, así como la lengua en que esta hecha. Los caracteres son de los siglos XII o XIII, y se puede ver esta fecha 00810. (14) Sobre una de las dos placas masónicas, se ve el Sol, la Luna, seis estrellas, la borla dentada; sobre la otra, se ve una espada, la rama de acacia, el mallete, la trulla, y una cabeza de muerto rematada por un clepsidra, con los dos pasajes de las Escrituras en latín de San Mateo, capítulo 10 versículos 32 y 39. (15) Si estáis deseoso por saber más sobre este descubrimiento e incluso poder tener dibujos del mismo, podéis dirigiros al Sr...., él está ya prevenido, y se ha ofrecido para daros todas las aclaraciones posibles al respecto. Vos sentís, mi querido amigo y hermano, qué importancia tiene este descubrimiento para aclarar nuestras incertidumbres sobre las relaciones masónicas con los caballeros del Temple y determinar el nexo que debemos conservar con ellos. Seríamos lo más ingrato de la raza humana si pretendiéramos desterrar su memoria de nuestra Orden, ya que han sido nuestros predecesores y maestros en la carrera que seguimos, y la ciencia masónica ha sido evidentemente su atributo. Los hechos de los que soy testimonio ocular, y aquellos otros en los que lo he sido en otra parte, nos confirman lo que, hasta el presente, sólo sabíamos por las tradiciones; pero éstos son ya tan constantes y unánimes, que todo hombre razonable no podría ignorar su fundamento; negaríamos incluso la evidencia si dudáramos de ello aunque fuera un instante.

En cuanto al resto, en mi viaje a Venecia por el Tirol, he comprobado sobre el terreno todo lo que me dijo N..., he encontrado las ruinas de la casa de los antiguos templarios en el lugar que me había sido indicado, y me procuré a través de N... la copia del antiguo documento que había llevado al dicho hermano N... a excavar en las ruinas, el cual os mostraré en mi siguiente paso por vuestra casa que, espero, será en julio próximo. Varios masones interesados están informados de este hecho, y os agradecería profundamente que comunicarais el hallazgo al serenísimo Gran Maestro de nuestra orden; por mi parte, voy a continuar mi recorrido por estos parajes y a indagar en los archivos del Vaticano, en Roma. Si hago algún descubrimiento interesante de cualquier género, os haré partícipe de ello.”

A todos estos hechos en favor de nuestras íntimas relaciones con los caballeros del Temple, añadamos las probabilidades que nos ofrece la tradición. ésta es tan constante y uniforme, en todos los sistemas y regímenes masónicos, que establece en todas partes la misma conexión y sucesión. Todas las investigaciones que han sido hechas en este convento, todo lo que se ha producido como resultante de los conventos precedentes, no remonta a más allá de veinte años la introducción en Alemania del sistema quimérico y peligroso de la restauración, pero el de la filiación masónica es mucho más antiguo ya que, desde el año 1752, es decir hace ya treinta años, habiendo sido elegido para  presidir la Logia que me había recibido,  (16) y no teniendo ninguna conexión, ni con el difunto reverendo hermano ab Ense  (17), ni con ninguno de los partidarios de su sistema, me di cuenta que, misteriosamente, aquellos a los que confería el cuarto grado de la Logia, se convertían en sucesores de los caballeros del Temple y de sus conocimientos; lo repetí y así lo he venido repitiendo durante diez años, tal y como lo había aprendido de mi predecesor, que lo había aprendido a su vez de una antigua tradición, de la que no conocía el origen.  (18)Todo este cúmulo de circunstancias no nos permite dudar de la veracidad de nuestra filiación masónica con esta orden ilustre ni de extinguir nuestra conexión con ella, sepamos simplemente ponerle límites razonables que no perjudiquen el progreso de nuestra institución.

De todo lo que ya he avanzado en esta memoria sobre las tres primeras cuestiones que forman parte de mi moción del día 25 o de la octava sesión, concluyo lo siguiente:

  1. Que no tenemos ningún interés en la restauración de la Orden del Temple relativo a las posesiones y riquezas que le fueron quitadas; sino que en todo caso es en calidad de masones deseosos de participar de los conocimientos científicos de los que al parecer era poseedora, que tenemos gran interés en establecer nuestra filiación con ella.
  2. Que el sistema de filiación y restauración relativo a los títulos, riquezas y posesiones cualesquiera de esta orden es absurdo, ridículo e ilícito, y que no tenemos el menor título a presentar para sostener tal pretensión.
  3. Que, aún y cuando este sistema estuviera fundamentado sobre títulos incontestables, sería imprudente, perjudicial para el progreso de la orden masónica, e incluso muy peligroso para dicha orden y los individuos que la componen, el reconocer, sostener y favorecer de alguna manera la continuación de este sistema, que en el caso de que alguna sociedad conocida o desconocida quisiera intentar llevar a cabo de algún modo el sistema de restauración efectivo, no debemos tomar parte en ello en absoluto, e incluso, debemos romper toda especie de ligazón con dicha sociedad, si es que acaso existe.
  4. Que el Convento General de la Orden deberá hacer incluir en sus actas una declaración obligatoria para todos aquellos que estén representados, nítida y precisa sobre este asunto.
  5. Que la filiación de los masones con la Orden del Temple relativa a los conocimientos científicos de la masonería estando establecida por una tradición constante y universal, probada por monumentos y testimonios auténticos, es útil y necesario conservar o establecer una conexión íntima entre la orden masónica y la Orden del Temple de la manera más conveniente y más adecuada a favorecer el progreso de los masones en su objetivo científico, sin que todo ello pueda provocar la menor inquietud a los gobiernos políticos.
  6. Ruego al Convento General, en nombre del Gran Capítulo Provincial de Auvernia, de dar acta de mis conclusiones sobre las tres susodichas cuestiones.

JEAN-BAPTISTE WILLERMOZ
Convento de Wilhelmsbad
29 de julio de 1782


NOTAS:
  1. La II Provincia: la Provincia de Auvernia.
  2. La Orden del Temple.
  3. Ferdinand de Brunswick, Eques a Victoria.
  4. Circular de convocación del Convento general, que dirigía de alguna manera el programa de sus deliberaciones.
  5. Alusión a la citación a comparecer -“a emplazar”, como dijo entonces Willermoz- ante el tribunal de Dios que, sobre su hoguera, Jacques de Molay habría lanzado, el 11 de marzo de 1314, al papa y al rey; y ambos murieron en los plazos anunciados: cuarenta días para el primero y un año para el segundo.
  6. Es decir, sin intermediario.
  7. Los conventos de Kohlo (junio de 1772), Brunswick (mayo-julio de 1775), Wiesbaden (agosto-septiembre de 1776), Wolfenbuettel (junio-agosto de 1778).
  8. El matiz es de importancia: Willermoz piensa evidentemente en la doctrina de Martinez de Pasqually, pero se guarda de hablar de ello.
  9. Afirmación tradicional en el esoterismo, fundamental a ojos de Willermoz que la debía a Martinez, y que suscitó una viva querella en el convento de Wilhelmsbad, naturalmente por parte de Beyerlé.
  10.   En el lenguaje de la época: que convienen a, apropiados.
  11. La doctrina martinezista transparenta en filigrana.
  12. Se trata evidentemente de Martinez de Pasqually.
  13. Beyerlé.
  14. Se puede conjeturar que se trata de la reproducción aproximada (y desprovista de sentido) de una fecha expresada en cifras romanas y en escritura gótica, por ejemplo cijxl = 1050 o cijxc = 1090, pero esto es una hipótesis evidentemente incomprobable.
  15. “A todo aquel que se confesare como mío delante de los hombres, lo reconoceré también yo delante de mi Padre, el que está en los Cielos”. “El que encuentra su alma, la perderá; y el que perdió su alma por causa mía, la encontrará.”
  16.   Willermoz fue iniciado en 1750, a los veinte años, en una logia de la que se ignora el nombre; llegó a ser, apenas dos años más tarde, su venerable. El año siguiente, en 1753, fundó la “Perfecta Amistad” de la que fue el venerable vitalicio; permaneció allá durante ocho años, hasta 1761, fecha en que se convirtió en el Gran Maestro de la “Grande Logia de Maestros Regulares” de Lyon que él mismo había contribuído a fundar el año anterior.
  17. El barón Charles de Hund, Eques ab Ense, fundador de la Masonería Rectificada, dicha también, Estricta Observancia. Sobre el personaje, cf. Le Forestier, op. cit., especialmente a partir de la Pág. 107.
  18. La Grande Logia de los Maestros Regulares de Lyon practicaba con la autorización de la Gran Logia de Francia y por derogación de los reglamentos de esta última, un sistema que, según Le Forestier, se componía de siete grados; él mismo añade que los nombres de los grados cuarto y quinto no son conocidos con exactitud pero que deberían ser maestro escocés y maestro elegido escocés. Por otra parte, el cuadro comparativo de los grados practicados en Metz y Lyon en 1761 (ap. Steel-Maret, Archivos Secretos de la Francmasonería, Págs. 72 y siguientes) destaca que se conocían veinticinco en Lyon y que el cuarto era el de maestro elegido.


GRAN PRIORATO DE HISPANIA
ORDEN DE LOS CABALLEROS MASONES CRISTIANOS
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